Eje Arquitectónico/Paisajístico
Antimonumento
Eje Histórico/Político
El Bosque de la memoria es un espacio para narrar y reflexionar sobre la violación a los derechos humanos y, contrariamente, sobre la supervivencia a esos horrores. Nos preguntamos ¿Cómo se espacializa la memoria?
Horst Hoheisel se define como un artista de la memoria que intenta desarrollar nuevas formas del monumento. Sus obras se dieron a conocer como monumentos-negativos o contra monumentos, (…) no se erigen sobre un pedestal, ni son fundidos en bronce ni tallados en mármol. Trata del vacío, la pérdida y el silencio (…) (Hoheisel, H. 2019). La forma negativa del memorial equivale al silencio ante los crímenes nazis, un grito silenciado que Hoheisel traduce en la forma vacía del Antimonumento.

Bosque Presente modela una escultura sonora, el Antimonumento en memoria de las 130 personas desaparecidas, busca en la contraforma de un muro que se entierra según la espiral áurea encontrar el lugar dónde escuchar el grito silenciado de los 30.000 desaparecidos. La escultura sonora (…) llega así a reclamar la experimentación de su espacio más que su visualización como objeto, particularmente en el caso de las obras en las que su materialidad empieza a ser conflictiva. De esta manera, se plantean obras que no pretenden atraer la atención sobre su fisicidad, sino que carentes de centro, de forma o de materialidad, desvían la atención del espectador hacia las relaciones que la obra establece con el espacio en el que se encuentra (…). (Ponticello, S. 2004, Javier Maderuelo pag 7).
¿Cómo se espacializa la memoria? ¿Dónde están los desaparecidos?
Siguiendo a Horst Hoheisel hemos encontrado la respuesta espacial de la memoria en la horizontalidad y el azar. Bosque Presente propone construir un anti-monumento, una excavación en la tierra donde el vacío asume protagonismo albergando en su cavidad, el sonido del cóncavo del fondo de la espiral áurea. Quizás escuchando atentamente estemos ante el sonido mismo de la tierra.
Los 65 nombres que completan el total de 130 desaparecidos se distribuyen en la instalación que da inicio a la espiral del Antimonumento. Mediante una acción que tuvo el propósito de sacar los nombres de los listados y organizarlos al azar, uno junto a los otros desconfiando del orden alfabético y de las listas verticales jerárquicas, se accionó en favor de horizontalizar los nombres, gesto con el que se da respuesta material a la pregunta sobre el espacio de la memoria.

sacar los nombres de los listados ortográficos
y dejar que se organicen interiormente
al azar, unos junto a los otros.
El Antimonumento como escultura sonora, posibilitará la emergencia de modelos narrativos inmersivos, donde los contenidos comiencen a expandirse, a retroalimentarse y a circular. Estas narrativas espaciales se desarrollan sobre los espacios urbanos y convierten a la ciudad en el escenario. Entender a la ciudad como contenedora de múltiples historias que componen universos narrativos, nos permite pensar en experimentar la ciudad de aquellos días que se recuerdan en nuestro Bosque de la Memoria. Atrevernos a expandir las historias que están encapsuladas en ese espacio representativo de una etapa de nuestro país. El espacio urbano no es sólo un soporte físico o contenedor, es un lugar donde confluyen y articulan sujetos y prácticas sociales y formas de representación simbólica de la ciudad. Zona de desafío y conflicto, de la lucha por el prevalecimiento y reconocimiento de determinadas formas de entender, ver, sentir, soñar, desear y vivir la ciudad. Un espacio transversal del relato.


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